Amor de percusión

Mis venas después de nuestro amor fueron cañerías de sentimientos coagulados. Siempre supe que inmolarse no es lo mismo que suicidarse, pero en el amor no hay distinción el resultado son dos corazones llagados.

Nuestro amor fue un revolver con tambor de una sola recamara, de una sola bala, después de gastarla lo nuestro fue improvisar municiones con la pólvora de la rutina.

Ahora se que no existen municiones para amores de percusión, al momento de largarnos lo único que podía recogerse eran los casquillos de la desidia.  

He aprendido que no es bueno ir al amor sin chaleco anti-rutina
y que no es recomendable apagar los incendios con el extintor del conformismo.  

Cada relación es una arma, nos obsesionamos con el objetivo, pero nos olvidamos del culatazo, es por eso que en esto del amor solemos terminar con una vida llena de abolladuras.       

Recuerdos y postales

Conocí los parajes de la locura y el desencanto con un amor de estantería, después de eso, fui embalse para amores precipitados,
cortafuego para otras relaciones, carril para amores desfasados,
y en tiempos de deslucidez señuelo para amores a distancia.


Todas me han enseñado que el amor no es cuestión de escenas de etiqueta, sexo en la cocina o de comunicación de confesionarios, sino de desvestir el alma y rondarla para adjetivar los enigmas de la piel, sin embargo, sigo sin saber como se descorcha un amor sin derramar el champagne.

 
Cada relación es como un tren, después del amor solo quedan las vías como heridas y duelen según la distancia recorrida.   
Debo admitir que de todas tengo un recuerdo selecto,
pero solo de una guardo las postales.

Comiendose las uñas

La vida no es lo que pasa mientras me atasco en el trafico.
No me canso de llover y no es por el calentamiento en el atlántico
es solo que últimamente con esta rutina colisionar con el suelo es la única alternativa. Algún día el invierno se marchara y con ella las aflicciones mas implacables, como aquella cuando tuve que soltar el globo y verlo desaparecer en una nube.


Por ahora trato de no demolerme mientras espero el editorial de mi destino, ayer despedí a la nostalgia que limpiaba con saliva el parabrisas del porvenir.


La vida no es lo que pasa mientras cuento los vagones del tren,
y es que a veces el fútbol y las platicas de domingo no entretienen
y es que últimamente prefiero desertar.
No concibo a la vida sin sus trastornos principalmente para alguien como yo, disléxico, que a utilizado todos los manuales de usuario para limpiarle el culo a la razón.


La vida no es lo que pasa mientras lleno el tanque y espero el vuelto.
Y en todas esas vidas que he transitado me la he pasado esquivando semáforos en rojo, por miedo a equivocarme, por miedo a que haya demasiada gente en mi funeral.


La vida es algo menos complicado, es lo que pasa mientras pretendo no ser un idiota, obviamente he perdido mi tiempo y eso no es nada favorable para alguien que ha perdido media vida comiéndose las uñas.

Vestigios

Decidí quedarme en el cruce de miradas,
esperando una ola que surque nuevos caminos,
buscando nuevas venas para inyectarlas.

En el campo de batalla las trincheras todavía sangran.
Mientras tanto yo me refugio en los silencios entre canciones,
el tocadiscos arranca pedazos de vinilo.

La soledad seduce una luna cada noche,
esas miradas enjauladas por nuestras pestañas se fugaron.
Nuestra primavera fusilada en el paredón.

Llegará el día en que estallarán
esas promesas fermentadas, se embriagará el recuerdo,
lloverán las palabras, desembocarán las ganas en explicaciones mal estibadas.