Recuerdos y postales

Conocí los parajes de la locura y el desencanto con un amor de estantería, después de eso,
fui embalse para amores precipitados,
cortafuego para otras relaciones, 
carril para amores desfasados,
y en tiempos de deslucidez señuelo para amores a distancia.


Todas me han enseñado que el amor no es cuestión de escenas de etiqueta, sexo en la cocina o de comunicación de confesionarios, sino de desvestir el alma y rondarla para adjetivar los enigmas de la piel, pero sigo sin saber como se descorcha el amor sin derramar el champagne.

 
Cada relación es como un tren, después del amor solo quedan las vías como heridas y duelen según la distancia recorrida.   
Debo admitir que de todas tengo un recuerdo selecto,
pero solo de una guardo las postales.

Comiendose las uñas

La vida no es lo que pasa mientras me atasco en el trafico.
No me canso de llover y no es por el calentamiento en el atlántico
es solo que últimamente con esta rutina colisionar con el suelo es la única alternativa.    
Algún día el invierno se marchara y con ella las aflicciones mas implacables, como aquella cuando tuve que soltar el globo y verlo desaparecer en una nube.


Por ahora trato de no demolerme mientras espero el editorial de mi destino, ayer despedí a la nostalgia que limpiaba con saliva el parabrisas del porvenir.


La vida no es lo que pasa mientras cuento los vagones del tren,
y es que últimamente el fútbol y las platicas de domingo no entretienen
y es que a veces prefiero desertar.
No concibo a la vida sin sus trastornos principalmente para alguien como yo, disléxico, que a utilizado todos los manuales de usuario para limpiarle el culo a la razón.


La vida no es lo que pasa mientras lleno el tanque y espero el vuelto.
Y en todas esas vidas que he transitado me la he pasado esquivando semáforos en rojo, por miedo a equivocarme, por miedo a que haya demasiada gente en mi funeral.


La vida es algo menos complicado, es lo que pasa mientras pretendo no ser un idiota, obviamente he perdido mi tiempo y eso no es favorable para alguien que ha perdido media vida comiéndose las uñas.

Vestigios

Decidí quedarme en el cruce de miradas,
esperando una ola que surque nuevos caminos,
buscando nuevas venas para inyectarlas.

En el campo de batalla las trincheras todavía sangran.
Mientras tanto yo me refugio en los silencios entre canciones,
el tocadiscos arranca pedazos de vinilo.

La soledad seduce una luna cada noche,
esas miradas enjauladas por nuestras pestañas se fugaron.
Nuestra primavera fusilada en el paredón.

Llegará el día en que estallarán
esas promesas fermentadas, se embriagará el recuerdo,
lloverán las palabras, desembocarán las ganas en explicaciones mal estibadas.

Amor averiado

Caen recuerdos sobre la habitación como paracaídas extendidos que nunca tocan el suelo,  
volviendo la mirada a ese lado nocivo donde oculto las heridas que aun lastiman si las rozan.

Quedaron restos de lluvia en la almohada, yo ahogo las dudas y me dejo fluir, aferrado al viento ahí donde la caída suele dejarnos una vida de escombros en el vestíbulo.

Vuelvo a abrir el telón a tu mirada fractal, a la espesura de tus labios.
Pero para darle aliento a mis escrúpulos es necesario creerte desconocida y lejana.

Siempre dejo el cesto lleno con los bocetos, nunca los desecho del todo.
A veces creo que ceder al deseo es un acto de cobardía necesario.   

Y es así como volvemos a estar de frente, ya no afectuosos, ya no admirados, sino conmovidos, dolidos y escrutados.
Se deshojan las ultimas miradas fraternas, las ultimas gotas de complicidad caen sin sospecha.  
Yo siempre he sido un novato para las despedidas y toda la vida un imbécil queriendo restaurar relaciones averiadas.